Calidad en la formación: las personas y “los clientes”

Un centro de formación es una organización que presta un servicio a la sociedad (empresas, trabajadores, estudiantes, etc.). El servicio representa un arma estratégica formidable mediante la que la empresa de formación puede conseguir una ventaja diferencial en el mercado y llegar a conseguir una posición de liderazgo en el mercado. Para conseguirlo debe contar, entre otros, con dos pilares estratégicos

1.- Las personas:

Todo servicio está prestado por personas y éstas van ser las auténticas protagonistas de la organización. Un equipo competente, bien motivado y coordinado, con unos objetivos y una filosofía de trabajo claros va a constituir el auténtico “alma” de la organizaciónUn centro de formación básicamente se dedica a transmitir conocimientos, habilidades y actitudes a través de personas  (formadores) a otras personas que, además van tener una percepción subjetiva del desempeño del formador. Por lo tanto es clave que los integrantes del equipo de trabajo del centro de formación tengan las competencias y la experiencia idóneas para llevar a cabo con éxito tan importante labor. 

2.- Los “clientes”:

Como en otros ámbitos de trabajo, los servicios formativos tienen que estar perfectamente alineados con los intereses de los clientes-alumnos. Es absolutamente clave que las acciones formativas estén orientadas a solucionar a las necesidades que tienen estos agentes. Por lo tanto se hace preciso:

  • Una atención personalizada a la empresa y a cada alumno
  • Conocer al cliente ¿qué necesita el cliente? ¿qué espera de nosotros? ¿podemos superar sus expectativas de alguna manera?
  • El servicio no es lo que nosotros imaginamos sino lo que el cliente piensa de él. Que el servicio sea muy bueno no quiere decir que sea necesario o que coincida con las necesidades o intereses de los clientes. Es más, es la empresa quien debe dar el OK final al trabajador formado.
  • No se trata tanto de hacer las cosas perfectas como de darle al cliente lo que necesita y espera y, si es posible, un valor añadido.
  • De esta manera, los clientes/alumnos pueden convertirse en los mejores agentes publicitarios de una empresa de formación

A diferencia de otros servicios, el “cliente”/alumno toma parte activa en la prestación del servicio formativo y cuanto mayor sea su implicación, mayor será el grado de aprendizaje. De esta manera, el proceso de enseñanza-aprendizaje puede llegar a ser apasionante. Ningún alumno ni ningún formador pueden ser los mismos después de haber participado en una actividad formativa. Ya lo dice la B.S.O de la película Tarzán, de Disney:

“APRENDE A ENSEÑAR…ENSEÑANDO APRENDERÁS”

¡Hasta el próximo post!

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